Susanavinuela

Ascenso al Almanzor: cuando la montaña da miedo

Me siento la protagonista de una película de fantasía, quien ha de superar un sinfín de obstáculos para recuperar un tesoro y salvar el universo. A escasos metros se alza una garganta muy escarpada, poblada por rocas de todos los tamaños que no van a facilitar en absoluto el ascenso. «Es la Portilla del Crampón. En invierno, cuando está helada, es imposible subir sin ellos», me dice Carlos mientras me ofrece agua. De los dos, él es el montañero, y aunque es mi primera vez en el Almanzor, para él será la quinta . Llevamos 11 kilómetros en las piernas, con unos 800 metros de desnivel acumulado, y nos queda algo más de 500 metros para llegar a la cima. Pero, aun estando tan cerca el final, el escenario que tenemos delante deja bien claro que el medio kilómetro que nos separa de nuestro objetivo va a suponer mucho más esfuerzo del realizado hasta el momento.

La Portilla del Crampón, en el Almanzor

La Portilla del Crampón, en el Almanzor

Me doy cuenta de que lo que estamos subiendo no es apto para cualquiera. No es el Everest, pero desde luego que tampoco se trata de una ruta dominguera para hacer con toda la familia. Requiere una preparación física mínima, conocimientos de montaña y nociones de  orientación. Cualquier error puede conllevar una caída, porque hay muchas rocas sueltas que pueden jugarte una mala pasada.  Y, tal y como vaticina la Portilla del Crampón, hacer cima será aún más complicado. Afortunadamente para una montañera poco experimentada como yo, en estos momentos la nieve de la que me habla Carlos queda muy lejos. Aunque el Almanzor es la cumbre más alta de la Sierra de Gredos (y del Sistema Central), no se ha librado de la ola de calor que asola España. Las altas temperaturas han sido fieles compañeras desde el principio, y si bien la falta de hielo facilita muchísimo la ruta, también es cierto que este bochorno agota.

Tras beber y echarnos más crema solar, retomamos el ascenso. Vamos muy bien de fuerzas, aunque los gemelos y los cuádriceps se quejan a veces. Eso sí, hemos de ser precavidos, ya que las energías tienen que darnos para tocar el vértice y volver a la furgoneta en el día. Lo habitual es hacer el Almanzor en dos jornadas (haciendo noche en el refugio), pero nuestra idea es subir y bajar de una tacada. Estamos afrontando la ruta (que consta de 23 kilómetros, con 842 metros de desnivel acumulado) como una prueba que teste nuestro estado de forma de cara al Teide 0-4-0, para el que llevamos algo más de un mes entrenando.

Cuando por fin estamos frente a la Portilla del Crampón, me doy cuenta de que no hay rutina de ejercicios que te prepare para ella. Subirla no es solo una cuestión de fuerzas; la templanza, la cabeza y la agilidad son vitales. Ya no podemos decir que caminamos; el ascenso es casi una trepada, en la que las manos juegan un papel importante. Carlos va delante, avisándome de cada piedra suelta que localiza, cada agarre interesante, cada sitio peligroso. El desnivel es ya muy pronunciado, así que, aunque no sufro de vértigo, me niego a mirar atrás. Una mano aquí, un pie allá, tira de cuádriceps para subir… Al llegar al final de la Portilla, cojo aire. «¿Hemos pasado ya la parte difícil?», pregunto. «No, es unos metros más allá», responde. Noto cómo la tripa se me encoge.

Es muy habitual encontrar cabras en el ascenso al Almanzor

Es muy habitual encontrar cabras en el ascenso al Almanzor

Antes de emprender la aventura, Carlos me había avisado de que, para llegar al vértice geodésico, hay que escalar un poquito. «Es una pared muy sencilla, de apenas un par de metros y con un nivel ínfimo (un cuarto), pero es un reto mental; estás ya casi en la cima, y si miras hacia abajo, a tus espaldas hay una caída impresionante; hay quien se asusta tanto, que no puede subir». Desde que me lo dijera, no he parado de darle vueltas. Una es cabezota, y si tiene que sufrir corriendo, lo hace. Pero el miedo, eso es otro tema…

Así que, cuando llegamos a la pared, los nervios ya llevan un rato conmigo. Carlos empieza a escalarla como un gato, y yo trato de seguirle. Pero, tras el arranque inicial, el temor me paraliza. Oigo su voz explicándome dónde he de poner el pie y las manos, pero me siento incapaz de realizarlo. Unos metros más abajo, unos chicos que se percatan de mi situación nos gritan que hay una pared algo más sencilla por la que también se puede hacer cima. Decido bajar, pero ya es tarde; he subido lo suficiente como para que me asuste la caída. Mi cuerpo se niega a moverse. La tensión mental se transmite a mis músculos, que se agarran a la roca con fuerza. Respiro profundamente, y trato de calmarme. Obviamente, tengo que salir de ahí. Con esa idea a modo de mantra en la cabeza, me las apaño para descender de la repisa en la que me hallo encaramada. Pero me niego a desistir. Mi compañero de vida y aventuras viene conmigo, dándome ánimos. Buscamos esa otra vía para llegar al vértice, y esta vez me deja a mí delante. No sé si es el orgullo torero, o el hecho de haberme enfrentado a un trepe más difícil, pero parece que me he cargado de valor y, esta vez sí, escalo con fluidez. Una mano aquí, un apoyo allá, y ya estamos en la cima. El techo de Castilla. El subidón de haberme superado es importante, pero no podemos dormirnos en los laureles; aún hay que bajar…

(Sigue bajando si quieres descubrir los datos de nuestra ruta y consejos para preparar el ascenso al Almanzor).

En la cima del Almanzor

En la cima del Almanzor

Consejos para el ascenso al Almanzor en verano:

– En verano, la ruta tiene una dificultad moderada; (la cual se incrementa en invierno). Si no tienes una preparación mínima, es mejor no acometerla.
– La deshidratación genera fatiga. Lleva bastante agua (un recipiente de, al menos, un 1,5 litros por persona). Antes del refugio Elola hay dos fuentes; la primera está a unos 4 kilómetros de la plataforma. Puedes llevar las botellas vacías, y llenarlas en esta primera fuente (así, los primeros 4 kilómetros te ahorrarás cargar con ese peso). A partir del albergue, no habrá ningún punto de hidratación.
– No olvides la protección solar. El sol pega muy fuerte, y quema muchísimo.
– A partir del refugio, las señales de «camino» no siempre son todo lo claras que deberían. Por suerte, yo me he saltado la dificultad de la orientación, ya que Carlos se sabe la ruta de memoria. Pero, si no conoces la zona, lleva un GPS (en esta web puedes descargarte los tracks).
No tengas prisa; es mejor afianzar cada paso que das, que apoyar mal y lesionarte.
– Si tienes, lleva casco; es fácil que haya un desprendimiento de piedras.

Nuestro ascenso, en datos:

IDA (ruta clásica):
Desnivel acumulado: 842 m.
Longitud: 11,5 km

IDA Y VUELTA (ruta clásica):
Longitud: 23 km
Tiempo estimado: 8-9 horas (aprox.)
Tramos:

Plataforma de Gredos (1.750 m) – Refugio Elola/Laguna Grande (1.960 m): 9 km. El tránsito aquí es relativamente sencillo (la senda está claramente delineada, y las marcas en el camino se ven). Puede haber algún punto confuso; como siempre en montaña, merece la pena tener la ruta clara, o llevar GPS.
Refugio – Portilla Crampón (2.540 m): 2 km. A partir del albergue, la senda se transforma en una mole rocosa sin camino claro a seguir que se debe recorrer con cuidado, afianzando bien cada paso (hay rocas sueltas, y un movimiento en falso puede ser fatal), lo que obliga a reducir el ritmo de la marcha. Los hitos de «camino» no siempre son visibles. En invierno, la nieve y el hielo impedirían que alguien no versado en técnicas de montaña pase de aquí.
Portilla Crampón – Almanzor (2.592 m): 0,5 km. En esta parte, la dificultad se incrementa aún más (desnivel mayor, terreno más peligroso).

Refugio Elola, tel.: 920 207 576 – 918 476 253.
Cuesta 10 € por persona y noche (solo alojamiento).

El Pico Almanzor, en la Sierra de Gredos

El Pico Almanzor, en la Sierra de Gredos. (Foto: Wikipedia)

 

El Cuerno del Almanzor, una formación rocosa cercana al pico

El Cuerno del Almanzor, una formación rocosa cercana al pico