Susanavinuela

Cinco daños colaterales de entrenar para un maratón

Viernes. Vuelvo a casa después del entrenamiento. Me doy una ducha, y pongo rumbo al restaurante donde he quedado con mis amigos. Según entro por la puerta, el primero de los cinco daños colaterales de entrenar para un maratón llega de golpe:

1. «Estás adelgazando mucho»
Te lo van a decir, sí o sí. «Lo sé. Pero de verdad que como bastante», argumento mientras cojo una patata frita, como intentado apoyar mi defensa con hechos. Y aunque les explico que correr un mínimo de 60 kilómetros por semana es la causa de mi pérdida de peso, no puedo evitar silencio y caras de «ya, ya».

Consigo desviar el tema de conversación. La charla fluye por otros derroteros, hasta que dan las 12 de la noche. Como Cenicienta, me dispongo a marcharme e inicio la tourné de despedida. «¿No te quedas a tomar una copa?». «No, mañana tengo tirada larga y me levanto pronto». De repente, el segundo daño colateral de entrenar para un maratón ataca de improviso.

2. «Estás obsesionada»
Tarde o temprano, alguien me lo tenía que decir. Me esfuerzo en convencer a mi audiencia de que no, que necesito todos y cada uno de los entrenamientos, que enfrentarse a los 42.195 metros es una gesta que requiere mucha preparación (si quieres descubrir su base, aquí te dejo las claves para entrenar un maratón), y que me encantará tomarme esa copa una vez haya pasado la carrera. Dos besos a todos, me voy. Camino a casa, acelero el paso para llegar pronto y tener tiempo de leer unas paginillas antes de dormir. No, si al final van a tener razón; desde hace un tiempo…

3. Devoro todo lo relacionado con el maratón
Un folleto informativo que encontré en una feria del corredor, el libro de Rafa Vega ‘Maratón de Nueva York. Guía práctica para el corredor’, ‘Nacidos para correr‘, artículos con enfoques de lo más variopinto, el vídeo ‘Obsesión: 42.195’… Cualquier cosa me sabe a poco. (Si este también es tu caso, quizás te interese mi crónica del NYC Marathon 2014).

Obsesión

Con tanto debate interior sobre si estoy demasiado centrada en correr, no me he dado cuenta de que ya estoy en la cama. Es más, ya es la mañana siguiente. Así que, alucinando aún por la velocidad con la que pasa el tiempo en los relatos, salgo por la puerta, lista a enfrentarme con mi tirada larga. Me cruzo con mi vecina. «Hola, Susana, qué tempranito te vas todos los días a correr. Incluso hoy, que es sábado». «Sí, Julia, es que me estoy preparando para el Maratón de Nueva York». «¡El Maratón de Nueva York! ¡Qué bien!…»

4. «¿Y cuántos kilómetros dices que tiene?»
Sí. Es muy común que se confunda el término «maratón» con «carrera popular». Así que, como tantas otras veces, le explico a mi vecina que maratón es una determinada distancia (La Distancia, con mayúsculas), 42.195 metros, y que las otras carreras populares suelen ser más cortas (o más largas, en el caso del ultrafondo). Y sé que, aunque se lo cuento con detalle, como mucha gente, no es consciente del esfuerzo que completar un maratón conlleva, de la prueba de titanes a la que se somete al cuerpo. Pero, da igual; para eso, los corredores tenemos nuestros propios foros…

5. Postureo runner
Ay, Internet, Internet. Ese universo en el que puedes encontrar de todo. También nuevos compañeros de carreras y fatigas. Grupos del Facebook, Instagram, Twitter… Somos muchos los maratonistas sueltos por el mundo, y nos buscamos para sentirnos más comprendidos. En la Red encontramos nuevas amistades con las que compartir fotos, entrenamientos, marcas, nervios, motivación… Sí; el quinto daño colateral de prepararte un maratón serán las horas que pasarás navegando, difundiendo tus experiencias a diestro y siniestro y, por qué no reconocerlo, cayendo un poquito en el postureo. Que a nadie le amarga un ‘like‘…