Susanavinuela

Ante la crisis, corre

No soy muy amiga de los libros de autoayuda. No me convencen los enunciados del tipo «Si quieres, puedes» (entre otras cosas, porque la realidad está ahí para demostrar que, te pongas como te pongas, en ocasiones no, no puedes). No me refiero a mensajes como «Si entrenas para un maratón, lo terminarás». Esta frase se limita a exponer un hecho que incluso podría contrastarse con la realidad («El X% de los corredores que entrenan para un maratón, lo terminan»). Pero, aunque yo quiera, nunca seré campeona del mundo de maratón. Por mucho que yo entrenase y dedicase mi vida a ello, ahí estaría Realidad, impasible: lo siento, no.

Por ello recibí con cierto recelo la llegada del coaching al atletismo. No sé muy bien a dónde quieren llegar con «Supera tus miedos», «La felicidad está detrás del muro» (¿Qué muro? Como no sea el que me topé en el kilómetro 38…), y demás eslóganes. Creo que correr sirve para ponerse en forma, socializar e incluso para mejorar tu estado de ánimo, ya que te hace secretar endorfinas (la hormona de la felicidad, que sienta muy bien). Y poco más.

Pero he de reconocer que quizás exista una relación entre un determinado estado de ánimo y aferrarse a este deporte. En el libro ‘Nacidos para correr‘, Christopher McDougall afirma que, a lo largo de la Historia, las épocas de crisis económica se han caracterizado (entre otras muchas cosas) por un aumento notable del número de corredores. Desconozco si esto ha sucedido en el pasado, tal y como él afirma; pero lo que es cierto es que, en los últimos años, y a pesar de la delicada situación del país, los runners se han multiplicado casi exponencialmente. Como si alguien hubiera abierto un grifo, las calles se han llenado de hombres y mujeres ataviados con mallas y camisetas flúor. Cada vez somos más los que nos inscribimos en carreras, los que navegamos por Internet en busca de información para mejorar nuestro rendimiento, los que ansiamos que salga el nuevo modelo de zapatillas que nos impulsará hasta el infinito y más allá, incluso los que nos obsesionamos con los 42.195 metros y sufrimos los cinco daños colaterales de entrenar para un maratón.

No quiero caer en la falacia de confundir casualidad con causalidad; seguramente, este florecimiento del atletismo se deba a muy diversos factores, como al hecho de que correr es algo que puede hacer cualquiera, a que no se necesita ninguna instalación especial para practicarlo, a que es barato, a lo bien que sienta el subidón hormonal que genera (¡benditas endorfinas!), sin olvidar el valor que esta sociedad da al estado de forma y al físico de las personas. Pero en el ascenso del running como uno de los deportes más practicados por los españoles, claro que juega un papel importante la autosuperación, la sensación de control sobre nosotros mismos que correr aporta y que, en épocas difíciles, tiene un valor incalculable.

La autoestima puede ser una de las mayores víctimas en situaciones complicadas. Problemas laborales, dificultades económicas, personas en paro… Es difícil no verse afectado anímicamente ante esto. El deporte puede suponer una especie de balsa de salvamento. Aunque el mundo se derrumbe a tu alrededor, te pase lo que te pase, sabrás que a las ocho de la tarde estarás calzándote tus zapatillas para demostrare a ti mismo que aún puedes alcanzar un objetivo. Es una actitud absurda, lo sé; es esconder la cabeza como el avestruz, hacer como si no pasara nada, y por unos minutos, ser feliz. Pero sienta tan bien… En época de crisis, corre.