Susanavinuela

El gran vuelo

Me vino a la cabeza ‘Interstellar‘. Sabía que Carlos no la había visto, pero la idea de basarme en una de sus líneas argumentales no dejaba de rondarme. Él, un astronauta en el espacio; yo, una Anne Hathaway cualquiera, dispuesta a cruzarme la galaxia por estar a su lado. El amor, encumbrado a fuerza que rige el universo. Vuestro universo. Nuestro universo.

La teoría que arroja la última película de Nolan me pareció un argumento narrativo maravilloso desde que la viera. Aunque carece de la más mínima base, lo cierto es que, cuando uno está enamorado, siente que sería capaz de hacer cualquier cosa por el otro. La vida gira en torno a esa persona, y no puedes evitarlo, al igual que no eres capaz de escapar de la fuerza de la gravedad. Además, la mezcla viajes en el espacio – filosofía sobre el amor me gusta tanto, que usarla para expresar mis propios sentimientos me inspiraba.

Pero de nada sirve un simil si el destinatario desconoce la referencia. Y como ver ‘Interstellar‘ yacía junto a la gigantesca pila de ideas y planes comunes que se nos acumulan y acumulan -a cada cual más ilusionante-, yo seguía sin metáfora.

Salí a la calle en busca de inspiración. Mi estudio da a la Gran Vía, con lo que inmediatamente me vi rodeada de una marabunta de turistas, compradores compulsivos, trabajadores, hipsters y demás fauna social. Entre el tumulto, de repente, me di cuenta de que yo no caminaba. Flotaba. Como si el espíritu tu Michael Keaton en ‘Birdman‘ me hubiera poseído. Como si Goku me hubiese prestado su Nube Mágica. O Iron Man su traje. Y, desde las alturas, sonreí.