Susanavinuela

Quitársela de encima

Pesaba mucho. Tanto, que cada mañana me sentía como una aficionada a la halterofilia en pleno entrenamiento. Arrrrrriba. Imposible. Por más que me esforzara, ahí seguía, firme, sobre mi cabeza, haciendo tal presión que mis pensamientos no podían fluir con normalidad. “Tengo que… “, “A ver si”… Entrecortándose unos con otros, solo las ideas urgentes llegaban a su destino final.

Decidí no alimentarla. Quizás, si pasaba hambre, se iría ella sola. Correr, organizarme la agenda, reuniones. Cualquier cosa, menos darle de comer.

Los días pasaron, y yo fui amaneciendo más y más ligera. A medida que las vacaciones se iban transformado en un lejano recuerdo, ella se volvía transparente; hasta que hoy, se presentó su ausencia. Vi una nota. “Hasta el septiembre que viene”. Quizás nos veamos antes, pereza