Susanavinuela

La mujer que bailaba tangos

Le apasiona leer. Tanto, que me gusta pensar que esas gafas gruesas, que aumentan sus ojitos hasta hacerlos el agujero negro de todas las miradas, son fruto del desgaste visual que le han generado años y años de devorar todo aquello que cae en sus manos.

En realidad, la hipermetropía se la causamos mi hermana y yo. Con cada uno de los partos perdió tanta visión, que un tercer hijo la habría dejado ciega. Ya con mi nacimiento, el médico le advirtió del riesgo que gestar de nuevo suponía para ella. Aun así, al año y medio nacería la otra Viñuela Martín de la casa. Hormiguita para sí misma, mi madre es generosa en exceso para los demás. Así que no le importó tener que soportar más peso sobre su nariz si a cambio podía disfrutar de otra hija.

Ni las 11 dioptrías, ni tener que sacar una familia adelante, ni lo insoportable que debió de ser nuestra adolescencia, ni siquiera el paso de los años han sido un freno para su avidez de conocimiento. En cuanto tiene un segundo libre, estudia todo aquello que cae en sus manos; ya sean novelas, libros sobre fiscalidad, derecho, revistas, periódicos varios… Su cerebro es una máquina que necesita gasolina constante, en funcionamiento perpetuo. Aprendió a sumar y restar sola, y no pudo cursar una ingeniería (como a ella y alguno de sus profesores les hubiera gustado) en una época en la que en España se pasaba hambre.

Haber vivido una dictadura configuró su carácter. Luchadora por sus ideas hasta entrar en la cabezonería, defensora de valores que conseguirían una sociedad mejor, es capaz de llegar hasta el final por una causa justa. De moral inquebrantable, solo se vendería por un buen tango. Porque aunque esté muerta de sueño, y los tacones de 10 centímetros que luce con una gracia innata le estén destrozando los pies, es incapaz de abandonar la pista si de repente suena ‘La Comparsita’. Entonces vuelve al escenario y, poseída por el ritmo, se luce como nadie.

Hay quien afirma que este amor por el baile lo heredó de su padre (quien aprendió a moverse al son de esta música argentina para ligar). Pero yo creo que es una consecuencia de su esencia de mujer. Porque solo alguien capaz de amar tan incondicionalmente, de darlo todo sin esperar nada a cambio, de beberse la vida a tragos, puede imprimirle tanto sentimiento a una quebrada.