Susanavinuela

Correr o no correr, ¿falacia del falso dilema?

Los corredores tenemos nuestro propio universo personal. Nos obsesionamos con facilidad, barremos Internet para descubrir qué zapatilla de running comprar, nos sometemos a entrenamientos que pueden tener cinco ‘daños colaterales’, e incluso convertimos nuestra afición en el foco de nuestra vida social. Así que, cuando una lesión hace acto de presencia, nuestro mundo se desmorona.

Correr o no correr, esa es la cuestión. ¡Meeeeec! Error. Según la lógica, esta sería una falacia como un pino. Más concretamente, la del falso dilema, que tiene lugar cuando se presentan dos puntos de vista como las únicas opciones posibles, cuando en realidad existen una o más alternativas que no han sido consideradas. El clásico «O conmigo o contra mí», por ejemplo. Esta frase excluye multitud de variantes; puedo adoptar una posición neutral, o estar a favor de alguien solo parcialmente‚ porque también veo a puntos a favor en su adversario, y así, hasta el infinito y más allá.¶

Es fácil hablar sobre el papel, pero, en la vida real, hay veces en que cuesta encontrarse con la lógica. Cuando ayer la traumatóloga me dijo: «Tienes condromalacia rotuliana, grado tres. Y no deberías correr», mi mundo se derrumbó. Las palabras se hicieron pesadas, insoportables. «Pero, ¿no hay solución? ¿No me puedo operar?». «El hombre ha conseguido llegar a la luna, pero no puede regenerar cartílago«. La actriz que llevo dentro hizo una aparición shakespeariana estelar: «Pero mi vida es correr«. «Basta de dramatismos, mujer. Puedes hacer elíptica, bici, caminar, nadar, ir al gimnasio. Y no solo puedes; debes. Porque eso te ayudará a mantener el tono muscular adecuado, a fortalecer cuádriceps, y si trabajas bien, incluso aliviará los dolores y te permitirá volver al atletismo».

 

Superar lesiones

Superar lesiones: ese mundo

Las últimas palabras vinieron envueltas en papel dorado, con pajaritos cantores a su alrededor. Un rayo de esperanza que me trajo de vuelta un poco de cordura. Puedo volver al asfalto; solo he de trabajar duro. Nuevo objetivo para 2015. Mi traumatóloga seguía dándome detalles, y la felicidad era conmigo. Y, cuando ya se había ganado mi simpatía, de repente, la frase. «Además, es solo una afición«.

¿Perdona? ¿Cómo que «solo una afición»? Por suerte, estoy acostumbrada a que mi círculo no entienda los esfuerzos que he de realizar para correr un maratón; por ello, no me extraña que mi médico considere que para mí correr es solo un entretenimiento. Pero, cualquiera que se haya enganchado a este deporte sabrá lo que una lesión supone. Conoce de sobra los dos muros del corredor de maratón. Parar es separarte de tu día a día. De aquello que, a veces, pone orden en tu vida. Así que, cuando ya me veía explicándole esto a mi traumatóloga en plan Scarlett O’hara, me di cuenta de que ya había sido demasiado melodramática por aquella tarde. Si seguía así, me iba a derivar derechita a Psiquiatría. Así que le di las gracias, y me fui, con un mantra en la mente. Fortalecer, fortalecer, fortalecer.

Por unas semanas le digo hasta luego a las pistas. Hola, sala del gimnasio. Vale, no es tan grave. Soy consciente de que «correr o no correr» no es la cuestión. Pero, a veces, cuesta darse cuenta.