Susanavinuela

Las dos caras de las carreras populares

La costumbre da estabilidad a nuestro día a día, estructura la vida. Pero, aunque es necesaria, puede hacernos pasar por alto cosas maravillosas. Esto no quiere decir que dejen de gustarnos; simplemente, damos por hecho que están ahí.

Esta teoría es aplicable a muchos aspectos de la vida: a la pareja, a los amigos, incluso al hecho de tener un trabajo. En mi caso, define perfectamente mi relación con las carreras populares. Desde hace años, cada domingo que me ha sido posible, he participado en una. Desde 10.000 m hasta maratones, la larga distancia era mi vida. Llegado a un punto, estas competiciones se convirtieron en parte de mi rutina del fin de semana. Acostarme pronto el sábado, entrenar por y para bajar de marca, enfadarme si no lo conseguía. Terminar  y volver a casa, pensando ya en la siguiente, en cómo enfrentar la semana para mejorar.

Hasta que, un buen día, alguien que empezaba a correr se cruzó en mi camino. Carlos entrenaba por estar en forma, por mantenerse activo. No es competitivo, así que nunca se había inscrito en una popular. Pero siempre hay una primera vez.

La víspera de la carrera, todo eran dudas. Qué desayunar, manga larga o corta, quizás mejor ropero, con cuánta antelación estar allí. Y, con cada pregunta que él hacía, yo me acercaba un poco más a mi debut como corredora popular. Y recordaba por qué empecé a hacer deporte, qué me hizo ponerme un dorsal por primera vez.

A través de sus ojos, volví a apreciar el ambiente festivo que rodea a estos eventos. Los nervios de enfrentarse a una distancia desconocida por primera vez, con la única esperanza de acabarla, sin tiempos en la cabeza. El ‘speaker’ que no para de animar. La excitación de los participantes. Los colores que se mezclan en la línea de salida. Las ganas de ir al baño minutos antes del pistoletazo. Estiramientos, calentamientos. Saltitos que disimulan los nervios. Empezar a correr. La gente que anima. El esfuerzo. Endorfinas al terminar. Abrazos. Celebración. Olvidarse de marcas, de cronómetros. De geles, de pulsómetros y de estrategias. Hacerlo solo por el placer de disfrutar. Por ser feliz.

A veces, para reencontrarse con la ilusión solo hay que dar con la persona adecuada.

 

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