Susanavinuela

Maratón: el reencuentro

Sesión de fotos para la portada, corregir y pasar los cambios de la digital, ir al fisio, mandar 300 e-mails, recoger las nuevas plantillas, ponerme con la web de Auto Bild, preparar el planillo del siguiente número de Women’s Fitness, hablar con marketing, y de repente, tú. Te miro, boquiabierta, y mi corazón se pone a mil. Llevaba tanto tiempo esperándote, que me había olvidado de tu ausencia.

«Pero, ¿qué dices, Susana? ¿Qué te pasa? Anda, deja de mirarme con esa cara, de balbucear idioteces, y espabila. Y activa la cámara del Skype, que tú me ves, pero yo a ti no. Si solo quería recordarte que te estoy esperando en Nueva York, que me da que pierdes el vuelo. ¡Venga, no te quedes ahí pasmada!». «Ay, sí, Maratón, perdona, que me ha dado un aire romántico. Ya ves tú». Venga, la lista de equipaje: zapatillas, mallas, camisetas y prendas deportivas varias, portátil y cámara de fotos, y volando a Nueva York, a encontrarme con 42.195 (también le gusta que le llame así, de un modo cariñoso; dice que eso de identificarse con un número le recuerda a Nelson Mandela). Más de dos meses preparándome para el reencuentro, y cuando llega el momento, estoy tan liada que casi se me olvida que el domingo ya está aquí.

Vista aérea del la NYC Marathon

Vista aérea del la NYC Marathon

Maratón y yo somos viejos conocidos. Nuestra última cita fue en Madrid, en 2011. Desde entonces, sueño con volver a verle. Así que cuando por fin concretamos la fecha (¿El 2 de noviembre, en Nueva York? ¿Cómo te va? A mí, perfectamente. Y a mí. Pues venga, hecho), me propuse organizarlo todo bien, cuidar hasta el más mínimo detalle; la ocasión lo merecía. Más de tres años de espera y un reencuentro en uno de sus sitios favoritos (Nueva York es uno de los seis World Major Marathons) bien valen una misa.

Llegar a conocerlo cuesta mucho. Son meses de perseguirlo, de correr tras él, de esquivar lesiones y de preguntarme si realmente merece la pena tanto esfuerzo. Nervios, nervios y más nervios (que ni que una se plantease ganar), y hasta algún conflicto con amigos o familiares («Estás obsesionada», «Solo piensas en él»). Pero todo se olvida cuando tomas la salida. En ese momento, empieza la fiesta. Tramos en los que te sientes borracha de felicidad, momentos duros de lucha contra tus piernas, gente querida (o desconocida) animando, compañerismo, y la felicidad esperándote junto a Maratón cuando cruzas la meta. «Susana, déjate de creerte una poetisa, y ¡haz el equipaje!». «Voy, 42.195, voy. Apago el Skype, venga, un beso».

Creo que ya lo tengo todo listo. Han sido dos meses de trabajo; un tiempo algo justo, quizás, pero espero que suficiente. Eso sí, cruzo los dedos, porque aunque Maratón y yo seamos amigos, y él sea un tipo increíble y maravilloso, también es alguien muy difícil; y por mucho que lo conozcas, te puede sorprender. Que si no me gusta el ritmo que llevas, toma muro en el kilómetro 32, que si ahora me enfado y te hago vomitar, que si qué es eso de desdeñar mis avituallamientos, pues te vas a acordar de mí en el kilómetro 29… Espero que este domingo esté de buen humor y me espere el tiempo que haga falta. Porque, el encuentro (siempre en la línea de meta), hace que todo esfuerzo y sufrimiento merezcan la pena.

Y digo «el tiempo que haga falta», ya que cuando este domingo tome la salida del NYC Marathon 2014, lo voy a hacer con toda la calma del mundo, y sin buscar ninguna marca. Soy consciente de mis capacidades, y ahora, con varias lesiones a medio curar y el entrenamiento justo, solo aspiro a llegar sana y salva, y a disfrutar de las calles de la ciudad junto a los otros 49.999 corredores y los dos millones de personas animando. ¡Dos millones!

Maratón, tú sí que sabes…