Susanavinuela

Obsesión 42.195

Quienes me conocen saben de sobra que soy obsesiva por naturaleza. Cuando me dio por la escalada, estuve planteándome opositar para guarda forestal y así poder pasarme tooodo el día en el monte. La época en la que el teatro era el eje central de mi vida, miré las posibilidades de compaginar mi trabajo como periodista con estudiar en la Resad. Y claro, el running no iba a ser menos.

Es cierto que es algo que siempre ha estado ahí, ya que he corrido desde que tengo uso de razón; pasé las tardes de mi niñez y adolescencia entre las pistas de atletismo de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, y aunque en esa época, mi capacidad obsesiva era algo menor, con la edad, el vicio por la zapatilla se fue acrecentado. ¿Quién se podía conformar con correr 10.000 metros, si podía ir incrementando el reto y la distancia?

Cuando en 2010 completé por primera vez una maratón, sentí que esa distancia estaba hecha para mí. Se convirtió en mi nueva obsesión, para disgusto de mi traumatólogo, de mi madre y alegría de la cuenta bancaria de mis múltiples fisioterapeutas. Pero, el virus estaba ya inoculado, poco se podía hacer por la paciente.

Por aquella época, casualmente cayó en mis manos este vídeo, ‘Obsesión 42.195‘. Al verlo me sentí totalmente representada (por supuesto, me emocioné, me pareció inigualable, lo publiqué en mis distintos perfiles de redes sociales, y no me lo puse en bucle de milagro). El caso es que no me canso de verlo. Son los 2:50 minutos más motivadores que he visto en mucho tiempo, y ahora, preparándome la NYC Marathon 2014, he querido recordarlo y compartirlo de nuevo con vosotros.

Maratonistas, preparad el pañuelito, que el final viene lacrimógeno.